En el corazón de la Borgoña rural, al fondo de un claro del bosque, se desarrolla un experimento extraordinario piedra a piedra. Un equipo de constructores, arqueólogos y artesanos expertos, está levantando en Guédelon un castillo de estilo medieval utilizando únicamente las herramientas, materiales y técnicas disponibles en el siglo XIII. Lo que comenzó a finales de la década de 1990 como un proyecto histórico audaz e innovador se ha convertido desde entonces en un laboratorio viviente, parte experimento arqueológico y parte preservación cultural.
Guédelon nos recuerda que la historia no es solo algo que se estudia, sino también algo que hay que poner en práctica. Construyendo con paciencia, habilidad y materiales extraídos de la tierra, se convierte en un testimonio del poder de la artesanía, la colaboración y la sostenibilidad.
Este artículo cede la palabra a quienes hacen posible Guédelon: Florian Renucci (maestro de obra), Vincent Gaignard (carpintero) y Sébastien Bouillette (cantero). Con sus propias palabras nos revelan cómo una hazaña tan extraordinaria ha funcionado con éxito durante casi tres décadas y por qué un proyecto así es importante.
Mad’in Europe: Un desafío considerable: ¿cómo se ha financiado un proyecto de tal envergadura a lo largo de los años? ¿Podrían explicar el modelo económico?
Florian: Con una formación universitaria en historia del arte y arqueología, y años de experiencia como cantero en una empresa de monumentos históricos, Guédelon me parecía el lugar ideal de experimentación que reunía la autenticidad de los materiales y de los oficios.
Mad’in Europe: Un desafío considerable: ¿cómo se ha financiado un proyecto de tal envergadura a lo largo de los años? ¿Podrían explicar el modelo económico?
Florian: Guédelon es una obra abierta al público. Se financia gracias a nuestros visitantes que, desde el primer año hasta hoy, nos permiten ser autosuficientes económicamente, aunque hubo ayudas iniciales. Esperábamos 30.000 visitantes para alcanzar el equilibrio financiero y recibimos 55.000. Desde el primer año, en 2000, el proyecto fue autosuficiente.
Mad’in Europe: En Guédelon movilizan técnicas y oficios tradicionales, a veces raros o amenazados. ¿Cómo han procedido para hacer revivir estos saberes?
Florian: A menudo, estas técnicas y profesiones han desaparecido completamente como actividad manual y económica. Hubo que recuperarlas a partir de investigaciones etnológicas. Pero también, en el marco de la obra de Guédelon, hemos tenido que recrear cadenas de transformación de oficios mediante la experimentación. Con un enfoque empírico, arqueológico y experimental, probamos distintos métodos: por ejemplo, las entalladuras, que son perforaciones previas.
Muchas habilidades se redescubrieron por ensayo y error: nuestro horno de tejas fue reconstruido cinco veces antes de alcanzar un índice de éxito del 80 %. Los oficios desaparecidos fueron re-aprendidos con antiguos maestros o gracias a la investigación etnológica. Así, Guédelon se ha convertido en un conservatorio vivo de oficios tradicionales, transmitiendo estos conocimientos a empleados, estudiantes, aprendices y constructores de paso.
Sébastien: Aquí, con mis colegas de la logia de cantería, tratamos de reproducir lo que se hacía en el siglo XIII para tallar piedras y construir. Reabrimos una antigua cantera cerrada en 1950 y trabajamos lo más posible a mano para extraer la piedra. Aquí se trata de arenisca ferruginosa, una piedra particular y muy local, cuyo filón cubre apenas unos kilómetros cuadrados. Requiere un tallado diferente debido a sus especificidades. En el oficio artesano, la materia importa: existen muchos tipos de piedra, que no se trabajan de la misma manera ni con las mismas herramientas. Estas adaptaciones permiten conservar un saber amplio. Pero la disminución del número de canteras conlleva una pérdida de estos conocimientos, en beneficio de técnicas más estandarizadas.
Mad’in Europe: Han mencionado la importancia de Guédelon en el redescubrimiento de saberes y prácticas medievales desaparecidas. ¿Ven también su pertinencia en el mundo actual, especialmente en lo social o ambiental?
Florian: Lo mágico de Guédelon es que produce datos que nunca han sido dados ni por los textos históricos ni por los estudios arqueológicos. En este sentido, Guédelon participa también en la investigación, y nos ofrece datos inéditos que debemos interpretar. Este dominio del trabajo manual es hoy algo muy preciado, y esperamos continuar con ello mucho tiempo.
Vincent: Creo que es totalmente pertinente. Si hablamos un poco de ecología, sé que a veces es un término confuso, el acto de cortar madera con un hacha permite utilizar maderas locales, usadas casi directamente en el sitio, y que de otra forma no se habrían explotado. Es un enfoque válido si pensamos en la construcción de madera del futuro, más sencilla y económica. Se pueden imaginar construcciones eficientes usando menos madera, pero obtenida localmente. Realmente necesitamos centrarnos en esto y desarrollar los conocimientos ligados a estas técnicas.
Sébastien: El siglo XIII nos enseña mucho. Tenían casi todos sus materiales de construcción en un radio de 15 a 20 kilómetros. Eso significaba costes reducidos, una eficacia mayor y, en realidad, un trabajo más local que implicaba también a la gente, lo cual es algo positivo.
Si se talla de manera más razonada, en función del uso y destino de la piedra, ya no es necesario ir tan rápido. De algún modo, eso permitiría equilibrar las cosas y hacer el trabajo más llevadero para todos, en el futuro.
La esencia de Guédelon reside en la interacción entre los distintos oficios, todos utilizando materiales extraídos del propio sitio.
Florian Renucci
Guédelon es un testimonio tanto del lugar como del saber hacer.
La piedra, el roble y la arcilla locales no son nada sin los artesanos que los cortan, tallan y les dan forma de una forma duradera. Revivir estos métodos es más que un acto de preservación: es la prueba de que la artesanía y la identidad local van de la mano. A través de su trabajo, estos profesionales restituyen no solo el conocimiento de cómo construir, sino también el valor de la paciencia, la precisión y los lazos entre las personas y su tierra.
Veamos algunos de los oficios presentes en el sitio.
- Los herreros funden el mineral de hierro en los hornos de fundición, donde también forjan clavos, herramientas y herrajes. Fabrican, templan y mantienen todas las herramientas que utilizan los canteros, carpinteros y picapedreros, una habilidad poco común hoy en día.
- El bosque de Guédelon es, evidentemente, el lugar predilecto de los carpinteros.El robledal del lugar permite a los carpinteros, en una corta cadena de suministro, pasar directamente del árbol a la estructura de madera. Las vigas están talladas a mano respetando la veta natural. La madera también se seca para los ebanistas, que fabrican arcones, puertas, ventanas y bancos de trabajo.
- La cantera suministra la arenisca ferruginosa, que da tanto arena para los albañiles como piedra para los canteros. El cantero trabaja de una manera hoy desaparecida: realiza tanto la selección como la recogida de las piedras. Nada se pierde; cada piedra encuentra su lugar.
- Las calizas encontradas en las cercanías sirven para detalles arquitectónicos (marcos de puertas y ventanas), pero también para producir la cal que compone el mortero, lo que hace revivir el antiguo oficio de calero.
- También se recogen in situ, los pigmentos que proporcionan ocres para dieciséis colores naturales, fijados con aglutinantes como la leche, el huevo o la savia de cerezo, con el fin de recuperar la policromía medieval.
- No olvidemos la naturaleza en torno a las murallas del castillo: los jardines proveen plantas alimenticias y tintóreas, cultivadas con técnicas cercanas a la permacultura, recuperando la autosuficiencia medieval.
- Otro recurso del sitio es la arcilla. Es una suerte extraordinaria reunir estos tres recursos en un solo lugar. La arcilla, extraída de fosas a 15 metros del taller, se moldea y se tornea en tornos tradicionales para fabricar vajilla, tejas y baldosas. Luego se cuece con leña en hornos de alfareros de tejas reconstruidos según modelos del siglo XIII.




