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Entrevista de Jane Bosshard Quillerat

Categoría

Entrevistas

Fecha de publicación

24 de julio de 2026

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En Atelier Herbarium, cada hoja cuenta una historia

Para Jane Bosshard Quillerat, fundadora de Atelier Herbarium, crear una joya nunca es simplemente moldear metal. Es observar una hoja durante horas, maravillarse ante una estructura vegetal invisible a primera vista, aprender sin cesar y dar una nueva vida a lo que muchos ya no ven. Entre naturaleza, patrimonio y artesanía, nos abre las puertas de un universo donde cada gesto cuenta una historia.

«Creo que siempre he creado». Algunas vocaciones no nacen de una decisión, sino de una evidencia. Para Jane, la creación siempre ha ocupado un lugar central.

¿Cuándo comprendió que los oficios de arte formarían parte de su vida?

De pequeña, podía pasar horas dibujando mientras los demás niños iban a jugar. No era un pasatiempo, era una necesidad.

Después estudié artes aplicadas antes de entrar en Bellas Artes. Me orienté hacia la restauración de cuadros y frescos murales, un ámbito que no correspondía a mi proyecto inicial, pero que me enseñó muchísimo. En paralelo, ya trabajaba en talleres de escultura, modelado y pintura, y a la vez impartía talleres creativos para niños y personas con discapacidad.

La joyería llegó casi por casualidad. Simplemente quería crear las piezas que no podía comprar. Empecé con materiales de recuperación, fascinada por los objetos antiguos y por el saber hacer que revelaban. Un encaje con abalorios, un textil antiguo… no podía aceptar que ese tipo de obras desaparecieran. Quería entender cómo se habían fabricado.

Observar antes de crear

Para Jane, la naturaleza no es solo una fuente de inspiración. Es una escuela de observación permanente. Cada paseo se convierte en una invitación a ralentizar el paso y mirar de otra manera.

¿Por qué la naturaleza ocupa un lugar tan importante en su trabajo?

La naturaleza es mi segunda pasión. Cuanto más la observo, más cosas extraordinarias descubro. Puedo viajar sin salir de mi propio jardín.

Una hoja, por ejemplo, parece algo ordinario. Y sin embargo, sin ella no habría atmósfera, no habría vida. A menudo pasamos de largo ante esa riqueza sin siquiera verla.

Esa es también mi definición de lujo. Para mí, el lujo no es lo ostentoso ni la acumulación de materiales preciosos. El verdadero lujo es un objeto realizado enteramente a mano, que lleva consigo una historia y una mirada.

Detrás de cada joya, horas de investigación

Antes de fundir el metal, Jane dedica mucho tiempo a observar, leer, experimentar. El gesto técnico llega solo después de la curiosidad.

¿Cómo nace una creación en su taller?

Todo empieza con una pregunta que me plantea la naturaleza. Observo una planta, una estructura, una forma. Después investigo, leo, intento entender cómo funciona.

Luego llega la fase de pruebas. Nunca busco reproducir exactamente lo que veo. Más bien intento traducir una arquitectura, una sensación, a veces algo invisible a simple vista.

La cera perdida se ha convertido en mi técnica predilecta. Para las hojas, primero hago un molde de silicona antes de verter yo misma la cera, que retrabajo por completo a mano antes de la fundición. Lo que más me gusta es recorrer todo el camino, desde la idea hasta los acabados.

Preservar los gestos

A lo largo de la conversación, hay una palabra que aparece a menudo: patrimonio. Para Jane, los saberes artesanales no son solo cuestión de tradición. Representan una forma de libertad.

¿Por qué es tan importante preservar hoy los oficios de arte?

Estos saberes son los que nos han permitido llegar hasta aquí. Forman parte de nuestro patrimonio, pero también de nuestra independencia.

Hoy podría subcontratar ciertas etapas de la fabricación. Sería más sencillo. Y sin embargo no lo hago, porque eso haría desaparecer parte del alma de mis creaciones.

Lo que me preocupa es la brecha que se abre entre los objetos y el conocimiento de cómo se fabrican. Mucha gente reconoce un martillo o una sierra, pero ignora todo lo que hace falta para transformar la materia.

Cada saber hacer que desaparece es una pérdida inmensa. Somos cada vez más dependientes de la producción industrial y vamos olvidando, poco a poco, nuestra propia capacidad de crear.

Aprender toda una vida

Después de más de veinticinco años de taller, Jane sigue considerándose una alumna.

Parece estar siempre en proceso de aprendizaje. ¿Es indispensable en su oficio?

Totalmente. Nunca asistí a una escuela de joyería. Aprendí leyendo muchísimo, experimentando y, sobre todo, gracias a la generosidad de otros artesanos que aceptaron compartir sus conocimientos.

Aún hoy sigo aprendiendo. La naturaleza es infinita, y las técnicas también. Creo que nunca terminamos de descubrir.

«La manera cambia, pero el gesto permanece», nos dice Jane.

Antes de dejar su taller, Jane vuelve de forma natural a lo que le parece esencial: transmitir.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones que hoy descubren los oficios de arte?

Hay un tiempo para aprender y un tiempo para transmitir. Los gestos evolucionan, las herramientas cambian, pero lo esencial permanece.

No creo que se pueda ejercer un oficio artístico sin pasión. Detrás de cada objeto hecho a mano hay tiempo, paciencia, errores, descubrimientos y mucha humanidad.

Si dejamos de transmitir estos gestos, perderemos mucho más que técnicas. Perderemos una forma de comprender el mundo.

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