Entrevista a Gianpaolo Fallani – Fallani Venezia
Al requerir un control directo sobre el gesto, el color y el soporte, la serigrafía conserva una dimensión manual y experimental: cada paso es el resultado de decisiones precisas, tiempos cuidadosamente calibrados y un profundo conocimiento de los materiales. Por ello ha sido y sigue siendo una herramienta privilegiada para artistas, ilustradores e impresores que buscan un lenguaje visual único, capaz de unir reproducibilidad y singularidad. La serigrafía es una técnica de impresión que nace como un proceso artesanal y que, con el tiempo, ha sabido dialogar con el mundo del arte, el diseño y la comunicación visual.
En este contexto se inscribe el trabajo del Maestro de Arte Gianpaolo Fallani de Fallani Venezia, histórico taller veneciano que ha convertido la serigrafía en un verdadero campo de investigación, colaborando con algunos de los protagonistas más importantes del arte contemporáneo. Con esta entrevista entramos en el corazón de una práctica que no es solo técnica, sino también cultura del hacer, memoria y experimentación continua.
¿Qué es la serigrafía y cómo se integra en tu trabajo?
La serigrafía es una técnica de impresión muy difundida en el ámbito industrial, pero que también encuentra una expresión plenamente lograda en el campo artístico. En mi trabajo, el papel del impresor es similar al de un traductor literario: el objetivo no es copiar la obra original, sino traducir el lenguaje del artista al lenguaje específico de la serigrafía.
La parte más compleja es la descomposición de una obra en colores que se imprimirán uno a uno para obtener el resultado final. La imagen se descompone en todos sus colores y gradaciones tonales, para luego recomponerse durante la fase de impresión. Es un trabajo de interpretación, no de mera reproducción. Se trata de un proceso sin reglas fijas, que forma parte de una sensibilidad personal que puede variar según las condiciones contextuales y que, por tanto, es muy complejo de codificar o transmitir. La serigrafía, de hecho, no nace para crear réplicas del original, sino para realizar una transposición: una obra gráfica autónoma, con vida e identidad propias.
¿Qué materiales utilizas en tu trabajo?
Utilizo exclusivamente tintas serigráficas al agua, para proteger mi salud y la de mis colaboradores. Aún recuerdo el olor de cuando mi padre trabajaba con tintas a base de disolventes, que hoy evito con gusto. A veces también trabajo sobre tejido y vidrio; de hecho, hay que recordar que la técnica serigráfica se utiliza ampliamente hoy en la industria de la moda y, ocasionalmente, la realizo con placer, tratándose de encargos estimulantes, aunque principalmente imprimo sobre papel.
Utilizo principalmente papel italiano natural con un grosor específico, ya que necesito un soporte adecuado tanto para las tintas al agua como para las condiciones de humedad típicas de Venecia.
¿Cómo aprendiste esta técnica y cuáles son hoy las posibilidades para un aprendiz que quiera acercarse a la serigrafía?
Aprendí principalmente “absorbiendo” la técnica de mi padre, que ya practicaba la serigrafía. También tenía una formación y una sensibilidad vinculadas al trabajo con imágenes y color, que son fundamentales. Hoy intento transmitir esta experiencia a mi hijo, que tiene veinte años y ha empezado a trabajar en el taller. La técnica básica en sí es relativamente sencilla: se utiliza un bastidor con un tejido de poliéster a través del cual pasa la tinta; con una rasqueta con una hoja de goma se exprime la tinta de un lado a otro del bastidor, que atraviesa el tejido y se deposita sobre la hoja. Evidentemente, no es un proceso que pueda aprenderse de inmediato sin un período de práctica. La verdadera dificultad reside en la descomposición de la imagen, que requiere una profunda sensibilidad artística, difícil de enseñar de forma puramente teórica.
¿Cómo se desarrolla la colaboración con los artistas y cómo han cambiado con los años los clientes y el sector?
Depende mucho del artista. En general, el artista realiza su trabajo y yo realizo el mío, proponiendo una simulación del resultado final para la impresión serigráfica. En algunos casos, especialmente cuando un artista realiza una residencia en el taller, trabajamos juntos durante una semana entera, confrontándonos diariamente sobre el proceso. También hay artistas que crean directamente para la serigrafía, trabajando sobre hojas transparentes: en estos casos no existe una obra original que descomponer, sino que el trabajo nace ya pensado para el medio.
En mi trabajo, las relaciones siguen siendo fundamentalmente personales, pero con el tiempo han cambiado profundamente los aspectos económicos y las comisiones. En el pasado había grandes empresas, bancos y aseguradoras que encargaban ediciones de estampas para socios y clientes; hoy estos clientes institucionales prácticamente han desaparecido. Los principales comitentes se han convertido en galerías o en los propios artistas, y cada vez se trabaja más bajo una lógica de colaboración directa entre artista e impresor.
¿Qué significa hoy tener una actividad artesanal en Venecia?
Todavía existe una identidad productiva veneciana, pero está fuertemente amenazada. Aún hay mucha producción en la ciudad, pero cada año se pierde una gran parte. El principal problema es la ausencia de políticas concretas para mantener las actividades productivas: cuando un taller artesanal cierra, difícilmente se abre otro similar. Un artesano a menudo no puede sostener económicamente a un colaborador o aprendiz, y cuando se retira, su competencia no se transmite y, por lo tanto, se pierde. A esto se suman los costes de los espacios, a menudo insostenibles para un artesano, ya que los inmuebles se destinan principalmente a alquileres turísticos o a espacios expositivos, con los que no podemos competir económicamente. El relevo generacional también es complicado, tanto por el cierre de las escuelas de oficio, transformadas en institutos artísticos, como porque, como ya he dicho, los artesanos tienden a trabajar solos. Existe además un problema aún más profundo: la falta de residencias. Sin residentes, incluso oficios esenciales como herreros o tapiceros pierden su clientela natural.











